21.1.17

El próximo año

El próximo año va a ser más difícil que éste, dijo ella. Lo dijo tranquila, incluso con cierta indiferencia. No había ningún indicio de tristeza en su rostro, pero esa falta no se traducía tampoco en alguna felicidad. Era indiferencia, sí, pero la indiferencia tiene muchos grados, y aunque la palabra "indiferencia" los incluye todos, no sirve de mucho cuando queremos referirnos sólo a uno o dos de todos esos posibles. Lo decía con amabilidad, combinando despreocupación y espontaneidad cotidiana, como cuando alguien en la mesa dice "pásame la sal".

El próximo año va a ser más difícil que éste, dijo ella y tomó un poco del café que acababa de servirse para acompañar la sobremesa del desayuno. Yo aún no había terminado con mi plato (pocos frijoles, restos de tocino y un pedazo de pan). Ella había terminado antes porque había comenzado primero. Al menos una media hora atrás. Eso es comprensible si pensamos que ella llevaba despierta una o dos horas, y que todos los demás, a excepción de mí, seguían dormidos. La dicha de conversar. Recibir sus palabras indiferentes con una escucha desinteresada. Escuchar como cuando a uno le dicen "pásame me la sal", y entonces pasar la sal. Dejar que la escucha sea ella misma como una respuesta natural. Dejar que las palabras tengan vida propia, que sean lo que tengan qué ser, aún cuando eso signifique que no lleguen a ser lo que deseamos que sean.

El próximo año va a ser más difícil que éste, pero siempre ha sido así. Desde que llegamos a este país nos han dicho que antes todo era mejor y más fácil, y que el futuro pinta mal, dijo ella. Y mientras hablaba, la presencia persistente del exterior se me filtraba de reojo por la ventan. La calle y su calma. El viento de otoño, ligero y persistente moviendo las ramas de los árboles semidesnudos. Las líneas paralelas de los árboles franqueando la calle restablecían la conocida postal del suburbio norteamericano, aquella postal de las hojas amarillas y rojizas. El cliché: Autumnal America. Automóviles parkeados frente a las yardas de las casas. Casas todas similares: tablas de madera pintadas de colores claros, porches austeros que recuerdan otras postales-cliché del campo como antítesis artificial del caos citadino. Techos de dos aguas, ventanas pequeñas, puertas dobles que aíslan los interiores del frío. 

El próximo año va a ser más difícil que éste, pero siempre ha sido así, dice ella. Este año es el futuro difícil que nos anunciaron antes. Y antes de hoy fue difícil también. Todo el pasado es parte del futuro difícil que nos prometieron. El tiempo es un río de dificultades continuas con variaciones casi siempre imperceptibles.

El próximo año es ahora.