Bitácora del día, volumen uno

10:13 am. Conciencia de que comienza el día. M se da cuenta que despierta, que regresa al mundo de la vigilia. La noche ha sido abrumadora con él. M se da cuenta de que si no soñara sería uno más de los pacientes del psiquiátrico. Entender que ha despertado le cuesta varios minutos. Pero es normal, nunca se preocupa por eso. Algunas horas después, cuando decide escribir una crónica de su día, repara en ese despertar lento y decide consignarlo. Después ha salido de la cama; en el umbral de su puerta se ha dado cuenta que no lleva puestas su gafas y no puede ver bien. Revisa la mesa de noche y encuentra sus lentes. Se los pone y luego busca la novela que había estado leyendo la noche anterior. Se dispone a desayunar y terminar la novela que hasta el momento le ha parecido estupenda (y que, cree, le seguirá pareciendo estupenda hasta el final). Le faltan unas cuarenta páginas. Mientras baja las escaleras, camina por el comedor y llega a la cocina, no ha pensado en nada, todo ha sido mecánico. La mañana llega a su cerebro con un efecto de imagen diferida.
En la noche, cuando M intenta escribir una crónica de lo que le ha ocurrido en el día se da cuenta que su desayuno ha sido igual que todo en esos primeros minutos, es decir, ha sido automático. Ha comido sin pensar que lo hacía. Un plato de cereal de chocolate que le gusta mucho a pesar de las figuras infantiles que se muestran en la caja del producto. Siempre le ha gustado mucho el cereal. Pero no piensa en ello, sino en la historia de la novela que tiene en sus manos y lee. Sometido a un flujo de conciencia, las imágenes del libro se suceden ante sus ojos como las de una película. Piensa en A. (el personaje del libro), cuando le lee la historia de Pinocho a su hijo, Daniel. El escritor (A.) cuenta su historia en tercera persona porque sabe que esa es la única manera que tiene de explorar laberintos: caminos de la memoria, y la soledad. Y la soledad es casi obvia, porque el acto de escribir siempre es en soledad, y así cada texto, cada pieza de un autor es una porción de soledad de un hombre, que paradójicamente se destruye con el contacto de un lector que atestigua una soledad inexistente, porque también es obvio que ser cómplice es ser compañero, acompañante. El acompañante elimina la soledad.
Por la noche, cuando trata de escribir una crónica de lo que le ha pasado en el día, M se da cuenta de su cansancio, que más que físico es mental, y se desanima de saber que sufre de este mal, porque siente que el tiempo se termina y que la vida es corta, y le desespera esta sensación de desperdicio. Luego se consuela pensando que lo suyo es una especie de paranoia, y que no tiene por qué preocuparse porque lo que hace en ese preciso instante es trabajar en lo que le interesa y practicar (no dejar aquello a lo que las líneas de su vida lo han dirigido). Este pensamiento le sirve de asociación para otros, y de repente recuerda que tiene trabajos y tareas pendientes, pero se anima pensado que de esas cosas saldrá pronto para así hacer lo que ahora sabe que quiere. Además, se dice así mismo, la vida es una historia personal de azares, vueltas, contradicciones y sinsentidos a los que nos obligamos a dar significado, aunque quizás al final no tengan ninguno. Y este flujo de asociaciones le ha llevado a preguntarse ¿de qué se trata entonces? Con esas ideas también ha recordado otra lectura que comenzó hace apenas algunas horas en donde se habla de ciudades invisibles (inexistentes). Aunque no existan, el relato sobre ellas es maravilloso, y cada una tiene el nombre de una mujer, una analogía hermosa.
El cansancio golpea nuevamente a M y decide dejar trunca su crónica del día. Sólo ha podido llegar a las primeras horas de la mañana, y no ha escrito nada referente a sus demás lecturas, su desánimos intermitentes, su depresión momentánea, sus enojos inexplicables, su impuntualidad, sus comidas, su siesta, sus relecturas, su visita a la mujer que ama.
Finalmente, M decide dejar inconclusa las líneas de la crónica e irse a soñar, porque sabe que si no lo hace podría volverse loco.

Comments

R.B. said…
"M se da cuenta de su cansancio, que más que físico es mental, y se desanima de saber que sufre de este mal, porque siente que el tiempo se termina y que la vida es corta..." Agüita

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