Ser escritor

Sobre John Marut hay muchas cosas qué decir. Una de las anécdotas cuenta que durante uno de sus periodos de sequía creativa pasaba los días jugando ajedrez consigo mismo, y leyendo comics y revistas de variedad. El día se le iba tirado sobre una cama entretenido con la lectura de artículos sobre salud alimenticia. Tomaba siestas que a veces eran de dos horas y cuando despertaba era para ir a la cocina y servirse un platón de cereal con leche y un poco de tequila. Luego regresaba a la cama y se dedicaba a comer mientras veía el tablero de ajedrez sobre un buró cercano. Después de más de 45 minutos de rumiar el cereal y tomarse la leche y el tequila, estiraba el brazo para mover una de las piezas del juego que siempre estaba empezado. Luego se ponía bocarriba y veía el techo por espacio de una o dos horas.

La mujer de Marut, la tía de Efraín Retés, ha dicho que cuando su esposo miraba el techo lo que hacía era concebir el argumento de sus próximas novelas. Un crítico literario amigo mío me dijo una vez que le parecía que en realidad lo que hacía era arrepentirse silenciosamente de haber sido escritor y no plomero. Yo tengo para mí que en esos momentos Marut no pensaba nada, que tenía la cabeza hueca, y que como literato era un fraude, ah, pero eso sí, un fraude con mucho estilo y excentricidad.

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