Crónica instantánea
M se despierta sobresaltada por el timbre de su teléfono móvil. Es su madre la que habla a través de la bocina. Unos minutos después decide escribir algunas cosas en el ordenador y después se dirige hacia la cocina a preparar la comida del día. Quizá hoy sea una ensalada, o algún plato de champiñones con atún, o cualquier otra cosa ligera. Quizá mientras mezcle ingredientes en una cazuela mire por la ventana de la cocina hacia las otras ventanas de los demás departamentos del edificio. Posiblemente después de la comida saldrá a caminar como lo hace siempre, como alguien sin rumbo aparente.

S se despierta entre brumas y sudor. Las cobijas casi le queman la piel. Siente los ojos como si los tuviera sujetados con clavos en la cara. Sus mesas de noche (tiene una de cada lado de su cama) están saturadas de papeles, libretas y libros. El despertador aún no ha sonado. Y S piensa en la foto de una mujer de cabello largo y claro, y ojos que parecen grises. Piensa en la mujer de la foto, en su sonrisa, contagiosa, en las niñas que la mujer abraza en la foto, y comienza a darse cuenta que está delirando un poco, que tal vez el calor en la cabeza le ha quemado algunas neuronas.

M y S esperan.

*Quizá sea mejor no hacer este tipo de crónicas, la verdad es que puede llegar a ser muy aburrido para el lector presenciar momentos tan breves y minuciosos que no tienen ningún aparente sentido; o todo lo anterior o simplemente se es mejor narrador.
***
Según yo, son tres... pero igual son más
En un inicio todos los escritores, o quizá sería mejor decir "los prospectos de escritores" (o por lo menos los que no nacen siendo genios a lo Rimbaud y que debaten su destino entre ser burócratas de mierda [perdonen por lo de burócratas] o ser incomprendidos escribientes frenéticos que tratan de alimentar los estómagos con su arte) pasan, creo, por tres etapas (después de la tercera se consolidan y se vuelven buenos... casi siempre):

[1] La inspiración amorosa, plagada hasta la náusea de lugares comunes (aquí es donde la mayoría se queda, y de aquí salen casi todos esos miembros de la zoología del cantautor o del trovador de pacotilla).

[2] Autoconmiseración patética de disque poeta maldito (de aquí salen los renegados, y misántropos que creen que ellos son la nueva revelación artística, los nuevos baudealaires o los nuevos nietzches. Ahora, que se entienda que no estoy diciendo que ser misántropo sea malo).

[3] El arrebato hacia la "originalidad", es decir, hacia creer que todavía es posible escribir algo que revolucione la historia de la literatura universal (que no digo que no se pueda, pero... las pretenciones suelen ser tan altas que casi siempre aplastan los textos de los "escritores" de este nivel).

Personalmente (y la verdad es que soy la persona menos indicada para decirlo) creo que he logrado sobrellevar las etapas uno y dos, pero sigo en la tercera. A ver si puedo salir (de cualquier modo tengo una ortografía que da miedo de mala, lo reconozco).
O ustedes qué piensan de esta clasificación, queridos tres o cuatro lectores de este blog.

Comments

M said…
quiero dejar de dormir hasta que el telefono me despierte, quiero dejar de mirar por la ventana buscando algo que aun no se que es, quiero dejar de caminar sin rumbo aparente... asi se siente abril...
s said…
quiero ver de frente a la mujer de la foto, quiero conocer el misterio de sus ojos, quiero descubrir que el delirio es un estado natural... ¿cuándo vendrá abril?
R.B. said…
This comment has been removed by a blog administrator.
R.B. said…
Tus crónicas están buenas.
Vamos a ver a Artemisa
y si vas a pasar de tu nivel 3
:)
J.S. Macotela said…
Gracias, Ricardo, muchas gracias por las porras.


;)
Luis Manuel Paz said…
La crónica está chida. A mi me gustan mucho que sean así de minuciosas en cuanto a la descripción de los hechos.

De lo otro (los niveles) creo que sí estás en el tres pero de repente regresas al uno. Pero no te sientas mal: todos lo hacen.
Es culpa de eso que llamamos amor.

Popular Posts