Una reflexión simple sobre el uso del Lenguaje nos permite esbozar la conclusión preliminar de que las palabras son inconstantes. No hay palabra que signifique las mismas cosas siempre, es una comprobación histórica. Incluso, apretando un poco más la tuerca, podríamos decir que no sólo es que una palabra con el paso de cierto tiempo deje de tener su sentido original, sino que también es cuestionable ese mismo “sentido original”: no hay referente absoluto para ningún signo lingüístico, sino sólo variaciones y posibilidades de funcionamiento de las palabras, incluso de las expresiones, según el contexto (sea por ejemplo, tal región de un país, tal literatura, tal periodo de la historia del arte, etc.). No hay sino un presente del Lenguaje. Lo demás es la actualización permanente que lo vuelve a situar infinitamente en un Ahora (sobre actualización permanente vale la pena recordar aquello de la parole sausseriana). Y con esto se muestra una paradoja: podemos decir que el lenguaje se recrea y que nunca es estático. Afirmar lo contrario es afirmar un platonismo, es ceder a la seducción de considerar una esencia de las cosas contenida en las palabras. Nominalismo, pues. Pero no hay una esencia del Lenguaje sino una historia del Lenguaje. Incluso no hay lengua que haya sido siempre.

Comments

DaRLa GarRapAtA said…
si van a tocar te vemos por ahi?
el chavo bataco ya se puso mien

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