¿Por qué no morirse en domingo?


¿Qué pasa si alguien en México muere en domingo? Respuesta: en México, como es sabido, puede pasar cualquier cosa. En un país como México ese simple hecho puede convocar otros sucesos como la muerte de unos perros de la calle, el enamoramiento entre dos jóvenes, el escándalo en los medios, y hasta la agitación en las altas esferas del poder (por ejemplo, que un expresidente autoxiliado en un país lejano se empiece a preocupar por su seguridad). Esa feliz cadena de suposiciones llenas de verosimilitud (en México, lo sabemos cualquier cosa puede ser verosímil) la debemos a Daniel Gruener y su recién estrenada cinta Morirse en domingo.


Un hecho minúsculo desencadena una historia que crece en complejidad en proporción directa con la llegada de su desenlace: un anciano muere en domingo, el padre de la familia le pide al hijo que se encargue de los trámites funerarios correspondientes para una cremación; en adelante todo es confusión. Abundar en los maravillosos vericuetos por los que serpea la historia de Morir en domingo sería inapropiado; sin embargo, cabe decir que Gruener evoca con su cinta al Ibargüengoita genial de Dos crímenes, pero además, logra situarse en el plano de la cinematografía mexicana como un verdadero monstruo del humor negro. El elogio no puede ser ni por un momento menor para con el trabajo de Antonio Armonia en el guión.


Otros dos elementos son necesariamente elogiables en Morir en domingo: la fotografía (en la cual participó el mismo Gruener) y la música. La fotografía es minuciosa y elegante a lo largo de toda la cinta e incluso brillante en algunas escenas. La musicalización, a cargo de Gabriel G. Meléndez, y la banda sonora son excepcionales. Así, observamos momentos humorísticos caracterizados por una sencillez precisa y brutal (la audiencia no logra contener la carcajada) contrastar una sofisticada y fina instrumentación con violines y chelos.


Si es elogiable la historia, el guión, la fotografía y la música, existe un último elemento que completa y consagra: la actuación. Silverio Palacios resulta una revelación histriónica al interpretar su personaje: un hombre dedicado al negocio de la muerte que gusta de traficar y hacer comercio con los cadáveres al mismo tiempo que es un padre devoto y esposos preocupado, sin dejar de ser también el compadre entrañable de la pulquería que se siente a jugar domino cuando no hay nada qué hacer en el negocio. Y no se queda atrás el trabajo de Maya Zapata como Ana, la hija de dueño de la funeraria.


Es difícil encontrar un punto débil en Morir en domingo. Al contrario, los elementos de la cinta han sido elaborados con tal minucia que lo que resulta es una obra sólida, bien estructurada y por lo tanto fuerte en conjunto. Técnicamente espléndida. Y del lado literario, lo hemos dicho líneas arriba, se nos aparece una pieza brillante que recuerda la genialidad y sencillez de Ibargüengoitia. ¿Cómo definir a Ibargüengoitia? ¿Cómo a Gruener? Sin duda como maestros del humor negro. Y qué otro lugar hay como México para que broten estas flores que mezclan el humor y la muerte. Quién sino este país, y lo sabe cada mexicano (viene inscrito en su ADN), para reír de la muerte antes y después de llorar por causa de ella. Si no México no sería surrealista.

Comments

R.B. said…
Ésta suena como mi segundo tipo de película. Otra excelente reseña (desde mi humilde opinión). Ahora a ver para cuando la veo.
Gabriela said…
Muy buena reseña. Estic d'accord.

G
Anonymous said…
en http://www.santodomingofilms.net
pueden verse más imágenes de la película
y supongo que pronto pondrán el trailer.

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