Llevo tres días con un insomnio que me levanta a las tres de la mañana y no me deja dormir hasta que son pasadas las siete. Me asaltan todos los recuerdos: los días, los lugares, los nombres, los rostros. Me exaspera escuchar el sonido de mi respiración. Un hormigueo se pasea por los flancos de mi cabeza. El cuello me arde. Me siento incómodo en mi piel. La madrugada huele distinto a la mañana, la madrugada tiene un olor y es dulce, pero detestable. Leo cien páginas de una novela de Paul Auster. La memoria y la incomodidad me empujan a la escritura. Me levanto y escribo el principio de una historia, una cuartilla apenas. Regreso a la cama, cierro los ojos. Los recuerdos siguen, se mezclan con ideas, con pendientes; no hay tiempo en la cabeza, la memoria parece algo fresco y los pendientes cotidianos se aparecen mezclados con ella. Es desgastante tener los ojos cerrados con tanta conciencia. Pasa una hora y me decido a escribir de nuevo. Pienso en abril, en tres días de abril, en cuatro días de abril, en todos los días de abril. Me acuerdo de Barcelona, me acuerdo de dos cumpleaños, de una nota escrita en una libreta, de una calle en la ciudad de México, de los nombres de ellas, de la música, de las letras otra vez. Vuelvo al teclado a escribir. Tal vez ya no duerma más. Quizá deje que el día venga y me sorprenda en medio de la noche.

Comments

ricardo said…
Está chido, que bueno que sigues escribiendo.
Dorotea said…
No sé usted qué opine, pero yo lo siento de vuelta y no sabe cómo me alegra!!!

Un abrazo.
Evolución Aire said…
Leerte otra vez es un placer... tal vez no fue por lo que te dije pero me da gusto... lo de la cabeza, ni ella se entiende no te preocupes... desde la montaña...
DaRLa GarRapAtA said…
tengo cura y santo remedio para
eso vengase a ayudarme
a la mudanza en lo unico
ke pienso, y deseo es dormir


saludos rarenguenZe

el insomnio es el recurso
desesperado de historias ke
necesitan ser contadas...

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