Qué perro dibujaste en la almohada. Ladra tu nombre
por las noches y me expulsa del sueño.
Muerde orejas y hombros, mastica el bolo alimenticio,
roe mi pelvis de granito, las vertebras apolilladas.
Trato de acariciarlo con la distancia de mis ligamentos,
le describo la fosa donde nos encontramos, le cuento de
tus límites y el asombro en tus ojos desorbitados.
Nada lo calma. Como perro que es, hiere con rabia.
Sólo si toco el piano se conforma. Se hace pequeño
como un puño, se confunde con la plumas del ganso
y me obliga a repetir tus muslos hasta el alba,
a repetir tus labios, a escribir en el aire que nadie,
nadie saldrá sin llagas de este incendio.

(De Habla Scardanelli de Francisco Hernández)

Comments

Ricardo said…
Va, me agrada :D Que bueno que ya escribes otra vez.

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