Escribo para ser otro. Cada que escribo el texto adquiere una autoria que no necesariamente refiere al que soy, quién soy. Sin embargo, a la vez me afirma. Me afirmo en la escritura. Es una manera de manifestar que soy un actor, actuando una escritura, y como actor que soy desempeño un papel, represento una farsa. Soy lo que no soy. Cuando escribo hay un discurso, y a veces creo que ese discurso existe más allá de mí, que soy sólo una especie de relevo en una cadena infinita de decidores de un discurso que flota en el aire. Ni siquiera la escritura automática es inocente. Hay intención en cada letra, en cada conexión sintáctica, en cada oración. Asumo que las ideas me pertenecen, pero no estoy tan seguro de eso. Supongo que es la neurosis la que hace escribir. Tengo como ansiedades lingüísticas y se me ocurren cosas, las ocurrencias tienen personalidad aforística, pero escribir no es igual que pensar, ni soñar igual que contar un sueño. Camino y me viene una frase, una oración, a veces son cosas de ficción, a veces son especies de proposiciones. En algunos casos esas suertes de apariciones mentales terminan siendo escritas en algún lado. Luego sucede que cuando leo y releo esos fantasmas materializados, una sensación de naufragio me embarga; esas oraciones son islas y yo me encuentro ahí, sin posibilidad de salir, de navegar más o de volver. No tengo barco.

Comments

Ricardo said…
Pos tú sigue escribiendo...

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