Escena del transporte público

Voy en una combi del transporte público. Avanzamos por una avenida muy transitada.

El chofer de la combi se cierra sobre otro coche. Intenta rebasarlo. No concede un sólo milímetro. Las láminas de los autos están a punto tocarse. Esto parece un choque inminente.

Sólo faltando pocos segundos para el contacto, el conductor del otro carro se percata de la emergencia. Entonces maniobra un volantazo y deja que el chofer del infierno lo rebase. El conductor victimado hace sonar su claxon furioso. El chofer de la combi pasa por delante suyo con indiferencia.

Un minuto después, el conductor-víctima se pone a la altura de la combi y hace sonar su bocina repetidamente hasta que consigue hacer que el chofer infernal le devuelva la mirada. El conductor-víctima parece estar más  agraviado por la indiferencia del chofer que por los hechos y se le deforma el rostro en gesticulación de enojo e indignación. Ante esta muestra de pasión y odio, el chofer-infernal es indiferencia pura.

Pasan así unos segundos. Finalmente se vuelven a distanciar los autos. El chofer-infernal lanza miradas despreocupadas a su copiloto —una joven a la que trata de impresionar—, y le dice:

—Si no hubieras venido tú, me cae que le choco. Así es todos los días aquí. Todos los días se pelea uno.

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Comments

Mr. Hyde said…
Buena.
Los combiancheros son otro pedo. Son como semidioses.
mobtomas said…
El absurdo cotidiano de este mundo salvaje que se presume civilizado. Buena instantánea urbana. Saludos.

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