PASEO BAJO LA LLUVIA 
(CON MORFINA EN LA SANGRE Y UNA BOTELLA DE ALCOHOL EN EL ABRIGO)

Sería divertido escribir una reseña sobre un libro de Kerouac al estilo Kerouac: sentado frente a un rollo interminable de papel atravesado en la máquina de escribir, tecleando confesiones (impresiones de lectura) espontáneas durante días sin tomar pausas, excepto para darle sorbos al café o a una botella de whisky. Quizá en veinte días no tendría una reseña sino una novela. Pero nadie la publicaría (eso también confirmaría el tono Kerouac del texto). En cualquier caso, eso no sucederá; conformémonos con esbozar algunas notas sobre Tristessa, una de las novelas que escribió Jack Kerouac en el transcurso de sus muchos viajes.

Así, “Tristessa”, con doble “s”, ¿por qué?, quizá porque la doble “s” leída en inglés emula el sonido de nuestra “z”. Es posible. Tristessa es una prostituta mexicana adicta a la morfina y Kerouac está enamorado de ella. Tristessa vive en una colonia marginal de la ciudad de México. Y "todo México es una Aventura Bohemia que sucede en el desnudo y enorme valle nocturno de piedras, velas y niebla..." (Kerouac dixit).

El padre de los poetas beats camina ebrio y drogado por una Ciudad de México de los años 50 y nos permite ver todo aquello que nos oculta ese gran referente la urbanidad capitalina: el cine mexicano en su Época de Oro (los amores perros fermentados en smog no nacieron en el 2000, ya estaban ahí antes de que nos avisaran, lo confirman, por ejemplo, las evidencias gráfica de varios de los primeros fotoperiodistas mexicanos). Decadencia y dramas patéticos atraviesan la ciudad de punta a punta en una línea que Kerouc recorre sumido en la nebulosa de los estados alterados por el abuso de sustancias: “Comienza a llover fuerte, ya he caminado bastante con mi pierna adolorida bajo la copiosa lluvia, no tengo ni oportunidad ni intenciones o lo que sea de tomar un taxi, el whisky y la morfina me han vuelto inmunes a la enfermedad que produce el veneno que supura mi corazón".

Kerouac es un católico-budista-adicto-alcohólico caminando bajo la lluvia, tomando notas en su pequeña libreta sobre el mundo como dolor, tomando notas sobre la redención misericordiosa de los desvalidos, sobre los espasmos epilépticos que produce el abuso de los calmantes, sobre una banqueta como almohada bajo la noche mortecina de los perros-humanos, notas sobre la relatividad del tiempo -despilfarro del tiempo- en el que veinte años de adicción a las sustancias se puede resumir en dos oraciones.

La prosa de Kerouc fluye inquieta por las hojas, como extrañada ella misma de narrar algo. En cada página se escurren poemas hechos de fotografías lentas (la conciencia del mundo con delay, en plazos un poco lentos, como transmisión en vivo con un pequeño retardo, un live broadcasting semidiferido) que dibujan personajes y cuentan historias. Hay un gallo caminando por el cuarto, una paloma acurrucada en la parte alta de un mueble, un gato hambriento de sándwich, ellos son parte de esta familia; Cruz está acostada en la cama, el gato cerca de su cara, Tristessa mira perdida el techo, y Jack Kerouac le da un sorbo a una cerveza que lleva guardada en el abrigo.

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