Notas sobre Dylan

Escribí esto el año pasado; era parte de una serie de reseñas que tenía qué entregar a una librería local. El trato era bueno, o al menos eso creía: me dejaban leer el libro que quisiera (llevarlo a casa, como si se tratara de un préstamo de biblioteca) a cambio de escribir sobre él. Evidentemente, el trato hubiera sido perfecto si me hubieran pagado mejor con el libro... en fin.

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De guías para náufragos que escuchan los sueños (de refugios nucleares):
Bob Dylan comentado y en español


Escucho a Bob Dylan mientras escribo esto. Dylan me dice que se soñó caminando en medio de la Tercera Guerra Mundial y que en su sueño no había nadie en ningún lado, excepto en el refugio nuclear (pero ahí no aceptan a nadie, y de hecho te disparan con una escopeta si te ven). La canción que yo escucho se llama Talkin’ World War III Blues, pero bien podría ser cualquiera de la enormísima obra de Dylan, y no lo digo por el tema antibélico, sino por la soledad. ¿Alguien puede imaginar a Bob Dylan acompañado? Yo no.

La verdad es que nunca me interesó Bob Dylan. Al menos no hasta que el entusiasmo del escritor Rodrigo Fresán me contagió. Fresán, en sus artículos del periódico argentino Página 12 ha publicado un sinfín de comentarios y notas sobre Dylan. Ahora pienso que quizá mi falta de interés anterior se debía a cierto snobismo que me obligaba a repudiar su voz casi molesta (la escritora Joyce Carol Oates dijo que la primera vez que escuchó a Dylan pensó en un papel-lija cantando). Quizá, pero desde que he comenzado a escucharlo la falta de pulcritud vocal se ha vuelto más un plus de su literatura que un contra de su música.

Dylan es un océano con muchos climas: es una tarea prácticamente imposible dominar el complejo mundo generado a partir de su obra (más de cuarenta álbumes y montones de canciones sueltas), y otro tanto —no menos complicado— tratar de “entender” al personaje mítico que hay bajo su nombre. Pero al menos, respecto a su obra, tenemos algo tangible como punto de partida, algo que no es especulación: sus letras. En un intento, quizá comparable al iceberg que hundió al Titanic, la editorial Global Rythm y Oceano produjeron un megavolumen de 1264 páginas con todas las letras de Bob Dylan de 1962 al 2001. El desmesurado tomo se llama Bob Dylan. Letras (y no puedo dejar de pensar que hay cierto sarcasmo no premeditado en la simpleza del título).

El volumen se presenta como un verdadero tesoro para los maniáticos de Bob Dylan (que tengo la sospecha, escasean en México); el libro es un compilado no sólo de las letras en su idioma original, sino de la traducción al castellano de cada canción publicada hasta la fecha mencionada. Y por si eso no fuera ya el iceberg completo, la edición incluye notas minuciosas de cada uno de los temas. Es un libro maniático con razón.

Las traducciones, es de agradecerse, son esclavas de las versiones originales en inglés y no intentos naif de re-hacer poesía dylaniana en la lengua de Quevedo (además, como bien dicen los coordinadores de la edición en las primeras hojas “los traductores, dicho sea de paso, no cantan”). Pero sobre las notas no se puede exhalar el mismo entusiasmo: en la mayoría de los casos se trata de descripciones tomadas de una tesis doctoral, con tono filológico y de literatura comparada sobre fragmentos de las canciones; esto vuelve al libro un imprescindible documental enciclopédico sobre la obra de Bob Dylan, pero reduce su emotividad. Yo hubiera preferido encontrar notas anecdóticas o referencias curiosas o célebres sobre las canciones (como aquella anécdota que cuenta Fresán sobre el tipo que atropelló a Dylan y lo llevó a sus amigos para que lo contemplaran en lugar de llevarlo a un hospital). Quizá se debería decir que hubiera preferido leer lo banal en lugar de los trascendente.

En cualquier caso, el volumen es indispensable para todo interesado en la obra de Dylan o amante de alguna de sus canciones. Pensando en la calidad de la obra literaria de Dylan, en su voluminosidad, en la amplitud de su registro temático (Dylan igual ha escrito sobre piedras y caminos, que sobre hot dogs y pizzas), el libro resulta igual o más importante que la enciclopedia que se tenga en los anaqueles de un librero de la casa. Si no se acaba el mundo este año, quizá en los programas académicos del futuro enseñarán por igual sobre los cantos del poeta Homero y los cantos del vagabundo Bob Dylan.


Bob Dylan. Letras
Globalrhythm/OCEANO, 2011
Traducción: Miquel Izquierdo y José Moreno
Notas: Alessandro Carrera

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